Prácticas agresivas que sufren algunas mujeres en el parto (Violencia obstétrica)

El momento más emocionante e inolvidable en la vida de muchas futuras madres suele estar precedido por momentos de violencia real.

Se llama «violencia obstétrica» y lamentablemente se habla muy poco de ella, sobre todo porque las mujeres que la han sufrido prefieren recordar solo los recuerdos positivos de su propia experiencia en el parto. 

Pero, ¿en qué consiste este tipo de violencia? ¿Cómo se define la violencia obstétrica?

Es una actitud del personal sanitario durante el parto, el trabajo de parto y el parto mismo agresivo hacia la parturienta que es juzgada, ridiculizada, presionada de forma verbal o física.

La violencia obstétrica es también el abuso de la medicalización sobre un proceso natural y el trato autoritario hacia la mujer que, por ejemplo, se siente asustada o no es escuchada.

El maltrato muchas veces está oculto en prácticas supuestamente en favor de la salud de la mujer y el niño

Este maltrato oculto en la práctica hospitalaria habitual, la violencia obstétrica, también puede manifestarse obligando a la madre a dar a luz en una posición antinatural para ella, acelerando el parto o implementando prácticas ahora obsoletas y no recomendadas ni siquiera por la Organización Mundial de la Salud (OMS)

Violencia obstétrica

Como la «maniobra de Kristeller» que consiste en ejercer presión sobre el vientre de la madre para acelerar el nacimiento del bebé que puede provocar la dislocación del sacro.

O la «maniobra de Hamilton», cuando el médico ensancha el cuello uterino de la embarazada con las manos o con instrumental especial.

La violencia obstétrica también incluye el parto inducido, por razones que no son justificadas por la salud del niño y la madre, provocando las contracciones antes que comiencen de forma natural mediante la administración de oxitocina para provocar la dilatación cervical; la amniorrexis, que es provocar la rotura de bolsa de aguas o saco amniótico como procedimiento rutinario, aunque ocurre muy seguido de forma espontánea.

Maniobras, cesáreas, falta de información y contención

Aunque en algunas ocasiones son inevitables y salvan vida, las cesáreas programadas también pueden engrosar el concepto y, pese a que muchas veces cuentan con el consentimiento de la propia parturienta, muchas veces la mujer desconoce los motivos por los cuales el profesional la convence de acudir a esa práctica (y nunca lo sabrá): desde que la fecha cae en las vacaciones del médico o acomodar los horarios.

No por nada se realizan más cesáreas los días laborales que los fines de semana, según demuestran las estadísticas. 

Toda mujer debe tener derecho a dar a luz como desee, salvo reales complicaciones; en cambio, las cesáreas a menudo se realizan sin el consentimiento de las mujeres embarazadas aunque existan todas las condiciones para un parto vaginal natural y el niño es arrancado y obligado a nacer sin motivo médico.

Esto también dificulta el contacto temprano, el apego y la lactancia. 

Muchos son los testimonios de mujeres y pocas son aquellas que, haciendo un análisis pormenorizado de su o sus experiencias como parturientas, no encuentren datos que demuestran que sobra la prepotencia y falta la contención en ese delicado momento.

«No dejaban de decirme que no sabía empujar«, «saltaron sobre mi estómago para dejar salir al bebé«, «me ataron y me pusieron la epidural (anestesia) sin consultarme«, «me decían que tenía que aguantar«.

Son algunas de las frases más comunes que muchas mujeres recuerdan cuando se les pregunta cómo fue su parto.

La violencia obstétrica se hace visible para la ONU 

En diciembre de 2019, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció oficialmente la violencia obstétrica como un fenómeno de violación de los Derechos Humanos a través de un documento presentado por la Relatora Especial sobre Violencia contra la Mujer del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Dubravka Šimonovic, quien colocó la violencia obstétrica como un tema fundamental de impedimento discriminatorio para un parto pacífico libre de dolor, humillación y sufrimiento.

El nombre del informe es por demás descriptivo: ‘Enfoque basado en los derechos humanos del maltrato y la violencia contra la mujer en los servicios de salud reproductiva, con especial hincapié en la atención del parto y la violencia obstétrica’.

Esta declaración de la ONU fue vista por las expertas como un paso histórico, ya que hace hincapié en «la cuestión del consentimiento informado como Derecho Humano y como salvaguardia contra ese tipo de violencia«.

Lo que parece tan lógico naufraga en el caso del parto, en que la violencia está tan naturalizada que no se considera ni que se tenga que informar cuál es el procedimiento que se va a aplicar ni que esto sea un Derecho Humano, motivo por el cual no se le pide consentimiento para realizar, por ejemplo, una episiotomía (corte en la vulva para ensanchar el canal de parto), una práctica que es obligatoria en cualquier otro tipo de intervención.

Responsabilidad de los Estados sobre la violencia obstétrica

Por estos motivos, la relatora Dubravka Šimonovic reclama a los Estados que desarrollen «leyes y políticas apropiadas para combatir y prevenir ese tipo de violencia» contra las mujeres.

Estas prácticas agresivas que viven las mujeres sobre sus cuerpos son un fenómeno que poco a poco está viendo la luz a través de organizaciones feministas que levantan la voz en nombre de todas.

Porque las apariencias podrían indicar que estas prácticas se dan en un segundo plano o en determinadas categorías sociales, bajas, etnias, minorías o atribuibles a cuestiones culturales.

Pero todavía resulta impensable que involucre a todas las mujeres, hasta las más cercanas y a una misma.